Querido J.,
Dices tú que llegas tarde… no ando yo mucho mejor de tiempo, y espero que sepas perdonar me gran retraso, pues los exámenes de junio me han tenido hasta hace bien poco como sabes, inmerso entre pilas de apuntes y libros prestados de las bibliotecas. Pero vuelto he.
Desde luego las confrontaciones entre ideas o principios por muy antagónicas que sean se acentúan más si cabe con sus portavoces y sus gentes que enarbolan esos ideales; manipulados o si se quiere vapuleados desde diferentes lugares (y creo que esto sirve para cualquier pensamiento social, religioso, político y de cualquier otra índole)
Creo que todos debemos tomarnos en serio nuestras posiciones o nuestros puntos de vista, pero en muchas ocasiones es mejor resguardarse del sol bajo la bandera que enarbola uno solo con unos ideales medio parecidos a los tuyos que postularte tú de una manera casi igual y crear sabe Dios qué desastres o qué aciertos o avances con ello.
De todo esto, como de otras mucha cosas podemos concluir que los extremos no son bueno, ni tomárselo todo a pecho ni que nos dé igual todo. Una vez más la postura aristotélica cobra importancia. Y mucho menos ahora en verano, que no tenemos ganas de nada, con este tiempo imprevisible. Es ahora tiempo de no hacer nada o de al menos hacer lo menos que se pueda, que para algo estamos los estudiantes fe vacaciones, aunque ya hayamos quedado para septiembre con algún catedrático erudito y no precisamente para tomar un café…
Tampoco te digo que cesemos nuestra actividad epistolográfica, sino advierto el hecho de que hemos llegado al tiempo de il dolce far niente, en cristiano, el dulce no hacer nada, aunque más de uno y más de dos, seguro que tiene que apechugar estos días de piscina, playa, paella y bañador.
Siempre me ha chocado la frenética actividad española veraniega, y no hablo ya de los masivos desplazamientos a las costas ni de los viajes al extranjero, sino el movimiento lúdico festivo que se produce en dos meses. Desde San Fermín hasta San Mateo (y qué raro, festividades religiosas) España se puebla de inumerables festividades: los citados sanfermines, San Marcial, San Pedro, Santiago…, y así llegamos a agosto, con San Esteban, San Lorenzo, la Virgen, San Roque, (algunos pueblos han recuperado el culto a San Hipólito) lo que al menos en La Rioja y Castilla se conoce como las fiestas de Acción de Gracias, por aquello de que ya se ha recogido la cosecha y se da gracias a Dios; aunque primigeniamente y no hace mucho tiempo, estas fiestas de Gracias se celebraban a inicios de septiembre.
¿A dónde voy con todo esto? no voy a referirme a temas religiosos (aunque jugoso sería el tema) hoy vengo un poco más mundano: a disfrutar del verano, y del dolce far niente.


